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Nuestra gran obra es Colombia

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Cliente: Sika
Formato: 23,5 x 32 cm
Sika. Permeable únicamente al progreso
Quien haya tenido una gotera sabe lo que vende Sika. El maestro de obra va a la ferretería o al depósito y pide la marca del triangulito, la mejor para el tema de impermeabilización de superficies. El origen de la marca Sika sigue siendo un misterio incluso hoy, cuando ya han transcurrido cerca de sesenta años desde su fundación. Según René Siegenthaler (q. e. p. d.), gerente general de la empresa por muchos años, hubo varias versiones al respecto. Una de ellas aseguraba que el término unía las primeras sílabas de silicato y cal, componentes de los primeros productos de la empresa. Otra, menos conocida, era que Sika significaba “seca” en esperanto. Finalmente, se decía que la sílaba ‘Si’ venía de Silvia, el nombre de la esposa del fundador de Sika, y ‘ka’ venía de la primera sílaba de su propio nombre: Kaspar Winkler.

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Lo cierto es que esta empresa de origen suizo nació entre 1910 y 1912 bajo el nombre de Kaspar Winkler & Co. Al parecer, Sika era un término aplicado a los productos de la empresa que, hacia los años treinta, se convirtió en el nombre de la misma. Aunque ya estaba consolidada en su país, su proyección internacional sólo se hizo realidad cuando la posibilidad de una invasión alemana en los años previos a la Segunda Guerra Mundial apareció en el panorama. Por eso el presidente de Sika, Fritz A. Schenker, envió a Emil Schmid a Estados Unidos con las fórmulas y datos para preservar la esencia de la empresa. Fue así como nació Sika EE. UU., ente que posteriormente ampliaría el negocio hacia Latinoamérica en 1947 a través de Brasil, Chile y Cuba. Algunos años después, en 1951, Schenker envió a otro hijo pródigo, Ernesto Isler, con cien mil francos suizos y le pidió fundar el negocio de Sika en Colombia.

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Isler cumplió el cometido el 11 de septiembre de 1951 y comenzó a trabajar en una fábrica y unas bodegas localizadas en la Cra. 34 n.º 7-62, en el barrio Pensilvania. Aquellos predios fueron el escenario de un vigoroso crecimiento que le permitió a Sika producir ochocientas toneladas de sus productos y colaborar en obras tan importantes como el aeropuerto El Dorado, la Autopista Norte y el Acueducto de Bogotá. La empresa superó algunas crisis en los años setenta y en 1984 ya producía 4700 toneladas de sus productos. En esta década fue una pieza clave en el proceso de reconstrucción de Popayán y de Armero.

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Con el paso del tiempo, Sika adquirió mayor protagonismo a nivel de la construcción, pero también de la industria. La cúspide de su éxito llegó en 2004, cuando Sika Colombia ganó el premio Romuald Burkard por mejor desempeño a nivel mundial.
Esta historia está consignada en el libro Nuestra gran obra es Colombia, publicado en 2007. Pero es apenas un abrebocas del grueso del contenido: fotografías y reseñas de alrededor de cincuenta de las más grandes obras de infraestructura de Colombia:
  • centros culturales y de recreación como las bibliotecas Virgilio Barco y Temática, así como el Parque de los deseos;
  • proyectos industriales como la fábrica de Leona, el CUR Compensar y el centro de distribución de Argos;
  • centros comerciales como Plaza Imperial, Santa Ana, Los Molinos, Jardín Plaza y Victoria Plaza;
  • obras de infraestructura vial como la vía alterna-interna a Buenaventura, el viaducto Pipiral y la central hidroeléctrica Porce II;
  • centros deportivos como el Complejo Acuático Simón Bolívar; y
  • proyectos residenciales como Cristales Club, Arrecife, Estefanía y Ruitoque Golf Club.

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Hoy por hoy Sika es una marca que ha penetrado los hogares de prácticamente todos los colombianos. Pero, sobre todo, que ha dejado su huella en el imaginario de los maestros de obra, de los ferreteros y, curiosamente, de las amas de casa, todos los cuales deben lidiar con goteras y las pequeñas emergencias domésticas de siempre.
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