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Vespa, Italia en movimiento

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Título: On my Vespa, Italy on the move
Marca: Vespa
Autor (es): Silvana Annicchiarico
Editorial: Charta - Triennale di Milano
Marca: 2006

En abril 23 de 1946 la oficina de patentes de Florencia recibió una petición, acompañada de cuatro dibujos, a propósito de una “moto con una disposición racional de instrumentos y partes, con una cubierta y un guardabarros integrados en una sola pieza que cubre todo el entramado mecánico”. Quien la solicitaba era una compañía de nombre Piaggo. Tal fue el origen de la Vespa, una marca con tintes de leyenda y uno de los íconos más importantes de la cultura italiana.

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Hasta ese momento, Piaggo se había dedicado a producir locomotoras, trenes y aviones en su planta en Pontedera. Fue, de hecho, una de las empresas más importantes durante la era del Fascismo y durante el conflicto, porque nutrió el ejército de Mussolini. Pero cuando el tiranillo fue colgado en la plaza pública y llegó el fin de la Segunda guerra, la demanda por estos vehículos cayó radicalmente, como era de esperarse, y el país quedó "en la mala": en ruinas, al borde de la hambruna y completamente dependiente de EEUU. La propia planta de Piaggo había quedado completamente destruida por uno de los múltiples bombardeos aliados y había sometido a sus dueños a una dura prueba de carácter.

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Enrico Piaggo, hijo de Rinaldo, fundador de Piaggo & Cía, tenía claro que debía reactivar sus plantas y producir algo distinto si quería tener un impacto positivo en el renacimiento de su país. Pero era imposible pensar en carros, pues nadie podía comprarlos, había carestía de materias primas e Italia contaba con un sistema de carreteras similar al de Bogotá por estos días. Le apostó todo a su equipo de diseño. Lo convocó y le dio la responsabilidad de diseñar una scooter -una motico- que les ofreciera una alternativa de transporte barata a los italianos. Y entonces Piaggo llamó a Carranio D'Ascanio, el diseñador más "teso" de todos, para que dejara de lado su trabajo con helicópteros y liderara la iniciativa mientras él conseguía "la papita" produciendo ollas (¡!).

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Lo que el empresario no tuvo en cuenta es que D'Ascanio odiaba las moticos y que esto derivaría en un diseño poco convencional y bastante curioso. Después de una fallida moto llamada Paperino, D’Ascanio trató de plasmar su particular visión del transporte de dos ruedas y el famoso sistema que integraba la cubierta y el guardabarros en un modelo denominado MP6. Todo el mundo quedo boquiabierto con la propuesta, sobre todo Piaggo, que ordenó de inmediato un pedido de cincuenta prototipos y une petición de patente. Fue en ese momento cuando comentó que aquella moto tenía una cintura delgada y una parte trasera grandísima, similares a las de una avispa: “Pare una vespa”. El resto es historia.

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Los años cincuenta fueron, entonces, de la Vespa, que dio vida a clubes, carreras y hasta carros de la marca, como el Vespa Siluro, todo bajo una fórmula concreta: diseño + comodidad + adaptabilidad + seguridad + bajo consumo. Por esa época también conquistó otros países de Europa, que después sucumbirían al encanto del modelo 125, de notoria aparición en la película Roman Holiday, con Gregory Peck y Audrey Hepburn. Fue en aquellos años que se gestó el mito de la marca, sin duda alimentado por sus bajos costos de mantenimiento, por la carencia cada vez más radical de espacios de parqueo y porque la moto se convirtió en sinónimo de diversión. Cabe mencionar que en 1962, mientras Piaggo quedaba en manos de la familia Agnelli, Salvador Dalí personalizaba la que ahora es la Vespa más célebre de todos los tiempos.

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Pero el peso cultural de la Vespa se edificó sobre otros aspectos, que son los que le dan trascendencia a las marcas. Nació de entre las cenizas de una nación que había acusado el golpe de la Segunda Guerra Mundial y fue diseñada pensando en las parejas: en tal medida, los italianos de la posguerra tuvieron en su poder un instrumento que les permitió cumplir sus sueños de movilidad (social y geográfica), pero siempre en contacto con el “otro”. Además, dos personas en una Vespa tienen que tocarse y abrazarse, detalle que representó un pequeño germen de revolución en el contexto moralista de la época.

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En el libro On my Vespa, Italy on the move, la marca aparece en todo su esplendor: las fotos vintage y los referentes históricos demuestran por qué sigue siendo, hoy por hoy, un elemento clave del imaginario colectivo italiano, algo parecido al Renault 4 en el colombiano (aunque un TRIS más sofisticada en términos de diseño). Pocos libros plasman tan fielmente el espíritu de una marca como éste y pocas marcas cautivan a tantos creativos del todo el mundo con argumentos estéticos y funcionales tan exquisitos y contundentes.

Aunque las motos por lo general me importan "tres tiras", el simple diseño de la Vespa es terriblemente atractivo. Prueba de ello es que existe un museo Piaggo que expone sus piezas más importantes en Pontedera, cerca a Pisa. Pero definitivamente lo que más me seduce es el imaginario que se ha creado alrededor de la marca y que, en mi caso personal, me remite a las películas de Nanni Moretti y de sus viajes por el litoral. Para mí, la Vespa habla italiano y está al lado de los espaguetis napolitanos, Dante, Fellini, el Ferrari, Paolo Rossi, Topo Gigio y don Vito Corleone, ¿capiche?

 

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