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The LEGO Book

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Título: The LEGO Book
Marca: LEGO
Autor (es): Daniel Lipkowitz
Editorial: DK
Año: 2009

Hay marcas que pasan por nuestras vidas algo desapercibidas, pero que, cuando aparecen de nuevo, son como un viejo amigo que vuelve después de mucho tiempo.

Es la única manera de explicar lo que sentí cuando me encontré con THE LEGO BOOK. Bastó ver la portada, que muestra una especie de cascada de bloquecitos  y muñecos, para revivir mil momentos felices de mi infancia, siempre rodeado por piezas de todos los colores.

Alguien podría pensar que exagero cuando escribo algo así, pero recuerden todo lo que implicaba LEGO para uno a esa edad. En el fondo todos sabíamos que era un juguete educativo. Pero a pesar de que cargaba con el lastre de la “charrera” propia de todos los juguetes pedagógicos de la historia, todo el mundo quería usarlo. Quizás sin saberlo, el LEGO fue nuestro primer juguete cool.

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Antes de hablar más de la marca como tal, debo evocar mi mayor recuerdo con LEGO. Cuando era chiquito tuve unos vecinos, un poco mayores que yo, que eran parte de una familia de genios. Eran tres hermanos: el primero se volvió físico, el segundo, matemático y el tercero, químico. Hoy en día son figuras importantes de la comunidad académica internacional.

A pesar de eso, eran excelentes personas y grandes amigos, no sólo porque nos veíamos seguido, sino porque también me ayudaron a no hacer el ridículo en una que otra feria de la ciencia. El dato clave, no obstante, es el siguiente: eran tan brillantes, que no tenían ningún juguete salvo bloques de LEGO. No tenían muñecos ni balones ni nada. Era lo único. La imagen que se me viene a la mente era la de todos ellos jugando conmigo en un cuarto con un millar de bloques que guardaban en un balde. Mientras yo trataba, infructuosamente, de armar un carrito con los bloquecitos azules, ellos armaban TRANFORMERS de LEGO. Sí, en efecto, armaban piezas móviles y “transformables” (apaque y vámonos).

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La historia de LEGO comenzó en 1916 en Dinamarca, cuando Ole Kirk Kristiansen compró un taller de carpintería para hacer muebles. Para 1932, la crisis económica de Europa lo obligó a diversificarse, razón por la cual comenzó a producir juguetes de madera como patos y gallos con rueditas para que los niños los halaran mientras corrían. Aquellas peculiares rueditas de madera también tenían su historia: comenzaron a usarse en juguetes porque pocos años antes los yo-yos habían estado de moda y, de un día para otro, nadie los compró. En tal medida, se convirtieron en llantas y le dieron un impulso inédito a la industria de juguetes danesa.

El negocio de Kirk tomó fuerza, tanto que en 1934 lanzó un concurso entre sus colaboradores para crear una empresa nueva. El ganador, que sugirió el nombre LEGO (la abreviación de ‘Leg Godto’, “juega bien” en danés), recibió una botella de vino como premio.

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El panorama era positivo, pero las ventas se dispararon definitivamente cuando Dinamarca  fue ocupada en 1940 y se prohibió la producción de juguetes de metal o de caucho. De repente, todo el mundo tuvo que comprar juguetes de madera y, como los de LEGO eran de excelente calidad, tuvieron gran acogida. De esta época data la consigna “Only the best is good enough”, frase acuñada por el fundador y que hoy en día es el credo corporativo de LEGO.

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Para 1947, la familia compró un molde de plástico, uno de los primeros en Dinamarca. Con él produjo muchos carros y, en 1949, los primeros bloques, aunque en un comienzo no tuvieron mayor acogida. Posteriormente, se produjo el Tractor Ferguson en 1952, juguete que fue un éxito de ventas puesto que, en aquel entonces, el grueso de la población rural estaba pasando de caballos a tractores.

En 1954, Godtfred Kirk, hijo del fundador, tuvo la idea de diseñar un pueblo conformado por edificaciones de bloques independientes. Fue él quien visualizó un sistema y realmente diferenció los juguetes de LEGO de los demás. Mejor dicho, fue él quien le dio a la marca su identidad. Prueba de ello es que a la 1:58 p.m. del 28 de enero de 1958 patentó el primer bloque de LEGO de la historia (sobra decir que desde hoy esa fecha será conmemorada anualmente en .Puntoaparte). Aquel día marcó el comienzo de una nueva manera de vivir la niñez para los niños del mundo. El resto es historia.

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En 1961 apareció el primer modelo de rueda para bloques de LEGO, hecho que preludió, como la invención de la rueda misma, una revolución: para finales de los años sesenta la marca había conquistado el mundo. Tanto así que en 1968 abría su primer parque de diversiones y lanzaba al mercado DUPLO, su primera submarca.

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En los setenta todo fue locura. Aparecieron motores, barcos, naves, obras de artistas con bloques LEGO, castillos medievales y en 1979, Kyeld Kirk Kristiansen, nieto del fundador, asumió la presidencia. En los ochenta se lanzó la primera campaña publicitaria de la marca (LEGO MANIAC), que obviamente fue un hit, y preludió una nueva era de branding en los noventa: ropa, tiendas y  videojuegos LEGO (de esta época data una “aspiradora” de bloques, que permite recoger el usual desorden que dejan los niños. Detalle pendejo, pero coqueto).

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El nuevo siglo trajo consigo las licencias, que llevaron a LEGO a otro nivel (no se imaginan cómo se ve la Estrella de la Muerte hecha en LEGO). Bob Esponja, Indiana Jones, Darth Vader, BatMan, Harry Potter  y el Hombre Araña fueron sólo algunos de los personajes que reemplazaron los viejos muñequitos, pero sin quitarles su esencia.

Hoy por hoy, LEGO sigue en la cresta de la ola y es una de las marcas más importantes de los niños en todo el mundo. Basta citar algunas cifras absurdas para tratar de concebir la magnitud de su propuesta: dos bloques de cuatro cabezas se pueden combinar en veinticuatro maneras; tres bloques, en más de mil; seis, en novecientos quince millones, y ocho, en un número ridículo e inconcebible. Y otra más: hoy en día existen sesenta y dos bloques de LEGO por cada persona en el planeta.

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El LEGO BOOK cuenta esta historia y luego procede a mostrar los diferentes sets. Después de ver construcciones, estaciones de policía, carritos, casitas y hasta casas de campo en LEGO, me encontré con, nada más y nada menos, el castillo amarillo que armé y desarmé durante dos años seguidos de mi infancia. Y con él recuerdo no sólo cómo lo armaba con mi papá, sino cada uno de los nombres de los soldados que puse a correr en él. Sólo entonces puede uno comprender que LEGO no es una marca, sino un lenguaje universal.

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